Estado de derecho

Una justicia que llega tarde también es una forma de injusticia

La sentencia correcta pierde parte de su valor cuando la espera destruye una vida o una empresa.

Artículo de opinión · Marco Musumeci D'Agata · 16 de octubre de 2026 · 4 min de lectura
Ilustración editorial generada con inteligencia artificial
Ilustración generada con inteligencia artificial. Imagen conceptual, no fotografía documental de un suceso real.

El tiempo también es justicia

Imagino a un pequeño empresario atrapado durante años en un litigio por una deuda, a una familia pendiente de un procedimiento que afecta a su vivienda o a una persona vulnerable que necesita una resolución para reorganizar su vida. La justicia no es una abstracción académica para ellos. Es tiempo, angustia, dinero y capacidad de seguir adelante. Por eso considero que la lentitud judicial puede convertirse en una injusticia adicional, incluso cuando el resultado final sea jurídicamente correcto.

Una democracia necesita jueces independientes y procedimientos garantistas. No propongo sacrificar garantías en nombre de la velocidad. La pregunta responsable es cómo reducir esperas evitables sin debilitar el derecho a defenderse, a aportar pruebas y a recibir una resolución motivada.

La acumulación no se resuelve con eslóganes

Las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial muestran millones de asuntos y una presión considerable sobre distintos órganos. Pero la cifra agregada no explica por sí sola dónde están los cuellos de botella. Hay jurisdicciones con dinámicas diferentes, procedimientos repetitivos y necesidades de personal o tecnología que no son equivalentes.

El diagnóstico debe ser preciso. Es posible mejorar la gestión de expedientes, reducir duplicidades, reforzar equipos donde la carga lo justifique y ampliar mecanismos alternativos de solución de conflictos cuando haya garantías suficientes. También debe medirse qué ocurre después de cada reforma y no confundir más actividad con mejor justicia.

Seguridad jurídica para la vida cotidiana

La lentitud afecta a la economía. Si ejecutar un contrato o resolver una disputa resulta incierto durante demasiado tiempo, aumenta el coste de hacer negocios y disminuye la confianza. El perjudicado no siempre es una gran empresa: puede ser el arrendador pequeño, el cliente, el autónomo o el trabajador que necesita cobrar lo que se le reconoce.

La seguridad jurídica exige reglas claras y cumplimiento previsible. No basta con aprobar nuevas leyes si los sistemas encargados de aplicarlas no disponen de medios y organización adecuados. La calidad institucional se juega tanto en el texto legal como en la puerta de entrada del juzgado.

Una reforma que respete al ciudadano

Quiero indicadores públicos comprensibles sobre duración de procedimientos, pendencia, cumplimiento de plazos y satisfacción del usuario, siempre sin comprometer la independencia judicial. Los ciudadanos deberían recibir información clara sobre su situación, no vivir a ciegas entre trámites.

La justicia no debería funcionar como una carrera de resistencia psicológica. Una sociedad libre debe garantizar que defender un derecho no termine siendo un privilegio reservado a quien puede soportar años de incertidumbre.

Acceso efectivo a la tutela

El diseño de los procedimientos también debe tomar en serio el coste de litigar. Tasas, honorarios, desplazamientos y días de trabajo perdidos pueden desanimar a quien tiene una reclamación legítima. La asistencia jurídica gratuita y la información clara son piezas fundamentales de acceso efectivo a la justicia. Una reforma que solo acelere procesos para quien dispone de recursos sería insuficiente.

La tecnología puede facilitar notificaciones, gestión documental y seguimiento, pero debe utilizarse con cuidado. Una herramienta automatizada no puede reemplazar sin garantías la ponderación jurídica ni convertir a las personas en expedientes procesados mecánicamente. El objetivo debe ser liberar tiempo para el juicio humano allí donde más valor aporta.

También conviene recordar que la prevención reduce litigios. Contratos claros, mediación adecuada y buenas prácticas administrativas pueden evitar conflictos antes de que lleguen al juzgado. No todo éxito del sistema consiste en resolver más asuntos: a veces consiste en que menos personas necesiten demandar para obtener una respuesta justa.

Confianza para quien necesita justicia

La demora no afecta solo a las partes del litigio. También alcanza a sus familias, trabajadores y colaboradores. Una empresa que espera cobrar puede retrasar salarios o inversiones; una persona que no logra cerrar un conflicto familiar vive bajo una tensión que invade su rutina. Por eso la modernización judicial debe entenderse como una política de bienestar, no solo como una cuestión interna de edificios y expedientes.

Me preocupa, además, que las personas se acostumbren a no reclamar por temor al tiempo y al coste. Cuando eso sucede, los derechos formales pierden fuerza y los abusos encuentran terreno fértil. Una justicia accesible y razonablemente rápida reduce la ventaja de quien dispone de más recursos para resistir. La igualdad ante la ley necesita condiciones prácticas para ejercerla.

Una convicción personal

Una justicia que llega tarde puede terminar protegiendo el derecho cuando la vida ya ha pagado el precio. España debe aspirar a resolver bien y a tiempo.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
marco@musumeci.es