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Artículo de opinión

Un país no debería esperar a que sus ciudadanos enfermen para empezar a cuidarlos

La prevención no puede eliminar toda enfermedad, pero sí puede mejorar vidas y utilizar mejor los recursos si se acompaña de una atención sanitaria digna y accesible.

Artículo de opinión · Marco Musumeci D'Agata · 12 de octubre de 2026 · 4 min de lectura

Fotografía editorial ilustrativa sobre un país no debería esperar a que sus ciudadanos enfermen para empezar a cuidarlos

La pregunta anterior al diagnóstico

Cuando hablamos de sanidad solemos concentrarnos en hospitales, especialistas y tiempos de espera. Es comprensible: cuando alguien está enfermo, necesita respuestas rápidas y tratamientos eficaces. Pero yo creo que debemos plantear también una pregunta anterior: ¿qué podríamos hacer para que más personas lleguen a esa consulta con mejor salud o necesiten menos intervenciones evitables? La prevención no sustituye a la medicina curativa y nunca debe servir como excusa para recortar atención. Es otra dimensión del cuidado. Se refiere a vacunación, detección precoz, hábitos saludables, salud mental, seguridad ambiental y condiciones de vida.

La salud empieza fuera del hospital

Una ciudad con aceras seguras, aire más limpio, parques accesibles y transporte razonable facilita actividad física y reduce obstáculos para cuidarse. Una escuela con buena educación alimentaria y espacios de deporte puede contribuir a hábitos duraderos. Un empleo que permite descansar y conciliar también influye en el bienestar. No todo depende de decisiones individuales. Las condiciones materiales condicionan qué elecciones son posibles. Por eso me incomoda un discurso sanitario que se limita a reprochar conductas sin preguntarse por el entorno. La prevención eficaz debe combinar responsabilidad personal con oportunidades reales.

Detectar antes, cuidar mejor

La detección temprana de determinados problemas de salud puede mejorar resultados, siempre que las pruebas respondan a evidencia científica y se ofrezcan a las poblaciones adecuadas. Hacer más pruebas indiscriminadamente no equivale necesariamente a cuidar mejor; puede generar falsos positivos, intervenciones innecesarias y ansiedad. Necesitamos programas evaluados, profesionales formados y continuidad asistencial. También debemos reducir barreras para que las personas no abandonen controles por distancia, incompatibilidad horaria o falta de información. El sistema público debe ser comprensible para el paciente, no una carrera de obstáculos.

Prevenir también significa escuchar

La soledad, el estrés crónico y las dificultades para dormir no siempre reciben suficiente atención en el debate sobre salud. Sin convertir toda tristeza en enfermedad, considero importante disponer de apoyos accesibles y de una atención primaria capaz de escuchar. Los profesionales sanitarios necesitan tiempo clínico y herramientas adecuadas. Una consulta apresurada puede resolver una receta, pero perder información sobre la vida del paciente. La calidad sanitaria incluye humanidad, continuidad y capacidad de acompañar, además de tecnología y tratamientos.

Economía de la prevención, sin promesas mágicas

Desde el punto de vista económico, prevenir daños evitables puede reducir sufrimiento y, en algunos casos, costes futuros. Pero no toda intervención preventiva ahorra dinero y no debemos venderla con esa promesa universal. Su valor principal está en mejorar salud y calidad de vida. Las decisiones deberían basarse en evidencia, coste-efectividad y equidad. Quiero que evaluemos si las campañas llegan a quienes más las necesitan y si los servicios son realmente accesibles. Gastar más sin medir resultados tampoco es una garantía de bienestar.

Prevención adaptada a cada vida

La información sanitaria tiene que ser comprensible y estar disponible sin culpabilizar. Una campaña que funciona en un barrio acomodado puede no llegar a quienes trabajan por turnos, viven lejos de un centro o encuentran dificultades digitales. Por eso importan los centros de salud cercanos, los servicios comunitarios y una comunicación que respete culturas y necesidades diferentes. No todas las personas tienen los mismos recursos para cuidarse. Si queremos buenos resultados, debemos eliminar barreras prácticas además de transmitir recomendaciones.

La prevención debe evitar nuevas desigualdades

Una estrategia de salud que solo llega a quienes ya tienen tiempo, información y recursos termina ampliando las brechas que pretende corregir. La atención primaria, las escuelas y los servicios locales pueden desempeñar un papel decisivo si cuentan con capacidad suficiente. También conviene escuchar a pacientes y profesionales sobre obstáculos concretos: horarios imposibles, desplazamientos largos o información difícil de entender. La prevención no puede presentarse como una simple lista de obligaciones personales. Debe ofrecer posibilidades prácticas, respetuosas y basadas en conocimiento científico para que más personas puedan cuidar su salud.

Me gustaría una España que atendiera con excelencia a quien enferma y que, al mismo tiempo, se esforzara de manera inteligente por evitar sufrimiento prevenible. Una sanidad humana no aparece solamente en la sala de operaciones: se construye también en las escuelas, los barrios, los centros de trabajo y la atención primaria. Cuidar antes no significa culpar después. Significa reconocer que la salud es uno de nuestros bienes más valiosos y que merece una política pública con horizonte, sensibilidad y rigor.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
marco@musumeci.es