Un Estado eficiente no tiene por qué ser un Estado indiferente
La buena gestión pública combina sensibilidad, prioridades y resultados.
Por Marco Musumeci D'Agata · 11 de octubre de 2026 · Opinión

A menudo se presenta una falsa alternativa: o tenemos un Estado cercano a las personas, o tenemos uno que administra rigurosamente los recursos. Yo rechazo esa oposición. Precisamente porque cada euro público es limitado, debemos destinarlo a resolver necesidades importantes.
La eficiencia no debería medirse solo por recortes, plantillas o presupuestos ejecutados. Importan los tiempos de espera, la calidad del servicio, los errores corregidos y la experiencia de quien necesita ayuda. Una oficina barata que obliga a realizar cinco visitas puede salir cara a toda la sociedad.
Propongo simplificar procedimientos, compartir información entre organismos dentro de la ley y publicar indicadores comprensibles. También proteger canales presenciales para quienes encuentran dificultades en la digitalización. Una administración moderna no debe dejar fuera a quienes más la necesitan.
Quiero instituciones exigentes consigo mismas y respetuosas con los ciudadanos. No es indiferencia reclamar resultados; la indiferencia sería conformarse con sistemas que funcionan mal y no intentar mejorarlos.