Ucrania, Rusia y Europa: mi reflexión sobre paz, seguridad y responsabilidad

Una paz duradera exige proteger a la población civil y respetar el derecho internacional.

Por Marco Musumeci D'Agata · 11 de octubre de 2026 · Opinión

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Ante una guerra, mi primera preocupación son las personas: las familias desplazadas, quienes viven bajo los bombardeos y quienes temen por sus seres queridos. Creo que la humanidad debe ocupar un lugar central en cualquier reflexión sobre Ucrania, Rusia y el papel de Europa.

La invasión rusa a gran escala de Ucrania en febrero de 2022 vulneró la soberanía ucraniana. Reconocer este hecho no impide estudiar antecedentes históricos, cuestiones de seguridad, errores diplomáticos y preocupaciones legítimas de distintas sociedades. Comprender los contextos nunca debe convertirse en una justificación para atacar a la población civil o imponer fronteras mediante la fuerza.

En octubre de 2026 continúan los intentos diplomáticos y las controversias sobre cómo alcanzar un alto el fuego verificable. Los desacuerdos acerca de sanciones, asistencia militar y garantías de seguridad son reales. Quienes apoyan la ayuda defensiva consideran que protege la capacidad de Ucrania para negociar sin coerción; quienes priorizan una desescalada inmediata temen que la prolongación de los combates aumente el sufrimiento. Ninguna posición elimina la obligación de valorar consecuencias y derechos.

Defiendo una diplomacia persistente, mecanismos independientes de verificación, protección humanitaria y una participación efectiva de Ucrania en las decisiones que afectan a su territorio. También exigiría transparencia sobre los objetivos, costes y riesgos de cada medida europea. La paz que deseo no es una pausa para preparar nuevas agresiones: es una paz sostenible, compatible con la seguridad, la dignidad y el derecho internacional.