Artículo de opinión · Economía y sociedad

Trabajar para una microempresa no debería significar perder libertad profesional

Siempre he defendido que la libertad económica debe ser real, no una palabra escrita en un contrato. Esto es especialmente importante cuando hablamos de profesionales autónomos que colaboran con…

Fotografía editorial ilustrativa sobre emprendimiento y microempresas

Siempre he defendido que la libertad económica debe ser real, no una palabra escrita en un contrato. Esto es especialmente importante cuando hablamos de profesionales autónomos que colaboran con negocios pequeños. Si alguien factura como autónomo pero no puede elegir su organización, aceptar otros clientes ni decidir sobre su actividad, debemos preguntarnos si esa independencia existe de verdad.

Por eso mi propuesta de Colaborador Autónomo de Microempresa incluye garantías que considero irrenunciables. La primera es la libertad para trabajar con otros clientes. La segunda es que la exclusividad no puede imponerse de forma gratuita. También defiendo preavisos, compensación ante resoluciones injustificadas, cobertura de accidentes y contrato escrito que deje claras las obligaciones de ambas partes.

Estas protecciones no son detalles accesorios. Constituyen el núcleo que permite distinguir una colaboración mercantil legítima de una relación laboral disfrazada. No quiero un sistema que facilite el emprendimiento a costa de poner al trabajador en una situación de dependencia sin derechos efectivos.

Cómo funcionaría la reforma

La microempresa suele tener menos recursos organizativos que una gran compañía. Eso hace comprensible que necesite fórmulas de cooperación ajustadas a proyectos y demanda. Pero el menor tamaño de la empresa no debería justificar condiciones abusivas. El profesional que presta un servicio también tiene gastos, incertidumbre comercial y derecho a desarrollar su propia trayectoria.

Mi propuesta de remuneración mínima, al menos un 15 % por encima del salario bruto comparable, busca compensar parte de esos riesgos. La retención propuesta del 5 % sería solo un pago a cuenta del impuesto, no una rebaja garantizada de la factura fiscal definitiva. También contemplo una cotización de 100 euros durante los primeros cinco años para nuevos colaboradores, bajo las reglas del régimen inicial.

Cada una de estas medidas debe examinarse junto con el resto. Una remuneración mayor no autoriza la imposición de horarios incompatibles con la autonomía; una cuota reducida no justifica sustituir trabajadores asalariados; y un contrato escrito no elimina el deber de atender a cómo se presta realmente el trabajo.

La independencia profesional tiene además un componente cotidiano que a veces olvidamos. Poder decidir qué trabajos aceptar, cómo organizar una agenda y con qué herramientas prestar un servicio cambia profundamente la relación con el cliente. En una colaboración real, ambas partes negocian resultados y responsabilidades, no simplemente reproducen la jerarquía de una plantilla. Esa distinción debería verse en los hechos y en la documentación, no solo en la denominación contractual.

Quiero igualmente evitar que el miedo a perder el principal cliente silencie reclamaciones legítimas. Si el colaborador carece de plazo de preaviso y puede quedarse sin ingresos de un momento a otro, su capacidad de negociar puede ser muy limitada. Por eso propongo compensación por resolución injustificada y condiciones de terminación conocidas de antemano. La previsibilidad beneficia a quien presta el servicio y también a la microempresa, que sabe qué compromisos adquiere.

Por último, la protección frente a accidentes no debería quedarse en una declaración de intenciones. Hay actividades manuales y de desplazamiento con riesgos concretos que deben estar cubiertos de forma efectiva. Una reforma centrada en la libertad económica no puede ignorar la salud y la seguridad de las personas. Si la colaboración crea riqueza a costa de transferir todos los riesgos a quien tiene menos capacidad de afrontarlos, habremos diseñado mal el sistema.

Los resultados que quiero comprobar

Las garantías necesitan instrumentos para hacerse cumplir. Harían falta modelos contractuales comprensibles, procedimientos rápidos de reclamación, criterios de inspección y mecanismos para detectar exclusividad de hecho o dependencia económica problemática. La legislación ya reconoce figuras y derechos de autónomos económicamente dependientes, por lo que cualquier nuevo régimen tendría que coordinarse con ellos en lugar de generar contradicciones.

También debemos evitar que una cláusula de libertad para otros clientes sea una ficción. Si el colaborador trabaja tantas horas o con restricciones tan amplias que no puede aceptar encargos distintos, la autonomía sobre el papel pierde contenido.

Quiero que las microempresas puedan crecer y cooperar; también quiero que quien trabaja para ellas tenga margen para elegir su futuro. Una sociedad verdaderamente liberal no protege únicamente la libertad de contratar de la empresa: protege también la libertad profesional de la persona que presta el servicio. Sin ese equilibrio no hay reforma justa.

La autonomía merece además protección frente a la concentración excesiva de poder contractual. Un colaborador puede aceptar formalmente condiciones que en realidad apenas puede negociar si depende casi por completo de un solo cliente. Por eso cualquier nuevo régimen debe dialogar con las reglas existentes sobre trabajo autónomo económicamente dependiente y con los instrumentos de defensa ante abusos. El objetivo es ampliar oportunidades, no abrir una zona gris donde nadie sepa qué derechos le corresponden. Sería útil ofrecer orientación independiente antes de firmar contratos y reclamaciones accesibles durante su vigencia. La libertad de contratar es valiosa precisamente porque supone que ambas partes pueden decidir con información y sin coerción. Cuando uno de los firmantes carece de alternativas reales, la ley debe ser suficientemente cuidadosa para que la palabra libertad no sirva de excusa a la desprotección.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
marco@musumeci.es
Leer más artículos de opinión