En los últimos días, he seguido con atención las declaraciones del economista Santiago Niño Becerra, quien ha señalado un error fundamental que afecta a la sostenibilidad del sistema de pensiones en España. Según él, y respaldado por informes de Bruselas, el sistema actual no es sostenible en su forma presente. Esta afirmación no es nueva, pero sí urgente, y me invita a reflexionar más allá de titulares o debates partidistas.
Para mí, hablar de pensiones es hablar de personas. Personas que han trabajado y contribuido durante décadas y que necesitan seguridad cuando dejan de hacerlo. Pero también es hablar de jóvenes que deben confiar en que el compromiso colectivo seguirá vigente cuando les llegue su turno. La sostenibilidad del sistema no es solo una cuestión económica o demográfica; es un pacto social que debe garantizar dignidad y justicia intergeneracional.
Niño Becerra explica que la Seguridad Social no ingresa lo suficiente para cubrir las pensiones y otras obligaciones, lo que ha generado una deuda que supera los 130.000 millones de euros. Esta situación se mantiene desde hace años y se financia mediante transferencias del Estado. El problema, según él, es doble: afecta a los salarios y a la relación entre salarios y pensiones, especialmente las de los baby boomers, que son las más elevadas. Aunque el sistema no va a quebrar "mañana", la tendencia a largo plazo es preocupante. Por ejemplo, un estudio de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) proyecta que para 2055 habrá 1,8 afiliados por pensionista, cuando lo ideal serían tres.
Además, Niño Becerra señala que el pensionista medio que se incorpora hoy recibe una pensión un 20% superior al salario medio de un joven que entra al mercado laboral, y que la tendencia de los salarios más frecuentes no es al alza. Esto implica que la brecha entre ingresos y pensiones se ampliará con el tiempo, incrementando la presión sobre el sistema. Bruselas ha advertido que esta situación no es sostenible y que la deuda de la Seguridad Social debe desaparecer.
Ante este panorama, la solución no puede limitarse a recortes indiscriminados ni a cargar la responsabilidad exclusivamente sobre las personas mayores. Más bien, debe buscarse un enfoque integral que considere la demografía, el empleo, los salarios, la productividad, la participación laboral y las carreras de cotización. No basta con ajustar la edad de jubilación o modificar las cotizaciones sin un análisis riguroso y sin explicar claramente a quién afectan esos cambios.
En este sentido, comparto la idea de que la sostenibilidad debe explicarse con transparencia. La ciudadanía merece conocer quién asume el coste de las reformas, cuándo y con qué garantías. Las promesas sin memoria financiera erosionan la confianza que se pretende proteger. Además, es fundamental reconocer que envejecer con dignidad implica no solo ingresos suficientes, sino también atención sanitaria, vivienda adecuada, compañía y capacidad para decidir sobre la propia vida. Dos pensionistas con la misma cuantía pueden afrontar necesidades radicalmente distintas, por lo que las políticas deben ser sensibles a estas diferencias.
También considero imprescindible abordar el papel de los cuidados, que muchas veces recaen en familias y personas cuidadoras que sacrifican empleo, cotizaciones y salud. Reconocer y apoyar este trabajo invisible es parte de una política responsable y sostenible.
Finalmente, creo que el debate sobre las pensiones debe evitar enfrentamientos generacionales. Jóvenes y mayores forman parte de un mismo ecosistema social y económico. La movilidad social, la protección contra la pobreza en la vejez, el acceso a empleos productivos y los cuidados familiares son elementos interrelacionados que requieren un pacto generacional basado en la confianza y la responsabilidad compartida.
En definitiva, la sostenibilidad del sistema de pensiones es un desafío complejo que exige diálogo informado, transparencia y un compromiso colectivo que respete la dignidad de todas las generaciones. Solo así podremos construir un sistema justo y viable para el presente y el futuro.
