Artículo de opinión · Espacio público

Quiero recuperar las fuentes públicas de agua potable en todas nuestras ciudades

Las fuentes de agua y los puntos de rellenado deberían volver a ser una infraestructura cotidiana de pueblos y ciudades.

Fotografía editorial ilustrativa sobre Quiero recuperar las fuentes públicas de agua potable en todas nuestras ciudades

Una pequeña obra que puede cambiar una ciudad

La calidad de una ciudad también se mide por las cosas sencillas que ofrece a cualquiera. Un banco a la sombra, una calle accesible o una fuente de la que se pueda beber cuentan una historia sobre nuestras prioridades. Yo propongo recuperar progresivamente las fuentes públicas de agua potable y los puntos de rellenado en plazas, parques, estaciones, centros sanitarios, polideportivos y edificios administrativos. No hablo de colocar adornos con agua circulando, sino de instalaciones diseñadas expresamente para consumo humano, identificadas y mantenidas. Una persona mayor que camina, alguien que trabaja en la calle o una familia con niños deberían poder hidratarse sin entrar obligatoriamente en un comercio.

Primero la seguridad, después la fotografía

Una fuente abandonada puede convertirse en un problema de mantenimiento, higiene o accesibilidad. Por eso no me interesa instalar centenares para inaugurar una campaña y olvidarlas al verano siguiente. Cada punto necesitaría un responsable de conservación, limpieza programada, inspección sanitaria y procedimiento de cierre cuando no pueda garantizarse su uso seguro. Diseñaría surtidores que permitan rellenar una botella reutilizable sin contacto innecesario. También evaluaría ubicación, sombra, accesibilidad para personas con movilidad reducida y demanda real. Mejor pocos puntos fiables al principio que una red extensa de instalaciones que nadie se atreva a utilizar.

El agua puede recuperar espacio público

Me parece importante que el acceso a agua de calidad no se concentre en las calles más turísticas o en los barrios con más actividad comercial. El mapa de puntos debería contemplar barrios periféricos, itinerarios peatonales y espacios frecuentados por familias, personas mayores y deportistas. Los ayuntamientos conocen su territorio y pueden decidir ubicaciones prioritarias con participación vecinal. Las administraciones superiores podrían facilitar financiación y criterios comunes para evitar desigualdades. También preguntaría a quienes trabajan al aire libre y a personas que utilizan el transporte público dónde se echan de menos estas instalaciones. Una política urbana debe escuchar el uso cotidiano de la ciudad.

La misma tecnología no sirve en todas partes

En la Propuesta Nacional nº 6 explico que la filtración debe ajustarse a la composición local del agua. No impondría ósmosis inversa en todas las fuentes. Allí donde sea suficiente el tratamiento ya realizado en la red, introducir nuevos procesos podría suponer un gasto injustificado. Donde existan necesidades objetivas, se estudiarán tecnologías apropiadas y seguras, con sus costes de mantenimiento. Es una cuestión tanto sanitaria como económica. Cada ayuntamiento debería poder demostrar que el equipo elegido mejora el servicio y no responde a una moda tecnológica. El acceso a los resultados oficiales mediante enlaces o códigos QR permitiría comprobarlo.

Cómo sabremos que la inversión merece la pena

No mediría el éxito por el número de inauguraciones, sino por la disponibilidad efectiva de agua potable, el tiempo de funcionamiento, las reparaciones, el uso de los puntos y la satisfacción ciudadana. También vigilaría que no se gasten recursos públicos en infraestructuras de difícil conservación. En momentos de restricciones hídricas, el diseño debería priorizar la eficiencia y evitar derroches. Esta idea resume mi manera de entender el Estado: proporcionar servicios concretos que faciliten la vida y hacerlo con rigor. Una fuente pública puede parecer poca cosa dentro de un presupuesto, pero para quien la necesita es la diferencia entre una ciudad que cuida y otra que mira hacia otro lado.

Del proyecto a los resultados

El primer paso sería publicar un diagnóstico comprensible y un calendario de actuaciones. El segundo, asegurar que las inversiones dispongan de presupuesto de mantenimiento y que la información no desaparezca cuando cambie el gobierno municipal. El tercero, abrir un proceso de revisión anual con resultados públicos, de manera que los vecinos puedan comprobar si las medidas mejoran de verdad el servicio. Lo considero importante porque una reforma no debe medirse solo en intenciones: también debe permitir reconocer lo que no funciona y rectificar sin ocultarlo.

También atendería a las instalaciones deportivas, rutas escolares y parques que concentran actividad durante los meses de calor. La ubicación y la conservación de las fuentes determinan si pueden convertirse en un hábito real. No basta con dibujar puntos en un mapa: hay que comprobar que funcionen a las horas en que la gente los necesita.

Estas son mis reflexiones personales basadas en la Propuesta Nacional nº 6, «Agua, alimentación saludable y reducción de plásticos». Las medidas descritas son propuestas de reforma, no normas aprobadas.

Responsabilidad y aplicación práctica

En el diseño de la red incluiría estaciones de transporte y recorridos utilizados durante las horas de mayor calor, además de rutas de paseo y instalaciones deportivas. Las fuentes deberían instalarse donde se necesiten, no exclusivamente donde queden mejor en una fotografía institucional. También es importante resolver detalles prácticos: altura accesible, superficie que no resbale, caudal adecuado, protección contra daños y sistemas que reduzcan consumos accidentales. Cada ubicación requeriría una ficha de mantenimiento y controles. Me parece razonable que los ciudadanos puedan comunicar averías mediante una vía sencilla y consultar cuándo fue revisado el punto. En zonas donde el abastecimiento sea temporalmente inseguro, la señalización debe evitar cualquier duda. La buena arquitectura urbana no consiste solo en construir espacios bonitos, sino en hacer que puedan usarlos todas las personas. Mi propuesta aspira a recuperar la fuente como símbolo de una ciudad compartida, siempre respaldada por agua segura y gestión cotidiana.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
marco@musumeci.es
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