Artículo de opinión · Democracia y sociedad

¿Puede existir libertad verdadera cuando una persona no llega a fin de mes?

La libertad formal no basta para tomar decisiones cuando la inseguridad económica domina cada mes.

La libertad formal no basta para tomar decisiones cuando la inseguridad económica domina cada mes.

La libertad es mucho más que una declaración escrita en una norma. También necesita condiciones que permitan ejercerla. Una persona puede tener formalmente derecho a elegir dónde vivir, qué estudiar o si cambia de empleo y, sin embargo, sentirse atrapada porque sus ingresos apenas cubren los gastos esenciales. No equiparo la inseguridad económica con la ausencia de derechos políticos; son dimensiones distintas. Pero sostengo que una sociedad verdaderamente libre debe prestar atención a la distancia entre las posibilidades jurídicas y las posibilidades reales de sus ciudadanos.

Lo he visto en el modo en que hablamos de salarios y precios. Una subida de ingresos puede desaparecer rápidamente cuando aumentan la vivienda, la energía o el transporte. Por eso los promedios salariales, aislados de los costes necesarios para vivir, dicen poco sobre la autonomía personal. Querría que la acción pública examinara cuánto margen queda a las familias después de pagar gastos imprescindibles y qué diferencias existen según territorio, edad y composición del hogar. La misma nómina puede representar situaciones profundamente distintas en dos lugares de España.

La libertad también necesita margen

No creo que el camino consista únicamente en aumentar ayudas. La protección social es necesaria cuando aparecen enfermedad, desempleo o dificultades graves, pero una economía saludable debe ofrecer también trabajos productivos, oportunidades para emprender, formación accesible y vivienda suficiente. De otro modo, las prestaciones terminan compensando permanentemente problemas que no hemos sabido resolver. Mi liberalismo busca ampliar la capacidad de crear riqueza y, al mismo tiempo, impedir que la falta temporal de recursos condene a una persona a la exclusión. Ambas responsabilidades deben convivir.

La vivienda merece especial atención porque condiciona casi todas las demás decisiones. Quien destina una parte desproporcionada de sus ingresos al alquiler puede retrasar estudios, abandonar un proyecto empresarial o renunciar a tener hijos. Es imprescindible aumentar una oferta bien planificada, facilitar rehabilitación, promover modalidades protegidas y revisar trabas injustificadas, preservando garantías urbanísticas y ambientales. No existe una medida única capaz de resolver todos los mercados locales. Precisamente por eso necesitamos datos municipales, plazos verificables y políticas que respondan a las causas de cada situación.

La inseguridad también afecta al tiempo. Hay personas que encadenan varios trabajos, desplazamientos largos y responsabilidades de cuidado sin disponer de una hora para formarse o participar en la comunidad. Hablar de igualdad de oportunidades exige considerar ese desgaste. Defiendo procedimientos administrativos sencillos, acceso efectivo a servicios esenciales, horarios de atención razonables y oportunidades de aprendizaje compatibles con la vida adulta. No es razonable pedir iniciativa individual mientras convertimos cada trámite necesario en una carrera de obstáculos. El Estado debe facilitar, no apropiarse, de la autonomía de las personas.

Coste de vida y oportunidades

La responsabilidad fiscal no desaparece por reconocer estas dificultades. Todo recurso público procede de impuestos, deuda u otras fuentes que comprometen decisiones futuras. Necesitamos prioridades claras y evaluación: qué programas elevan ingresos sostenibles, cuáles reducen gastos esenciales y cuáles solo trasladan el problema. Ayudar con equidad no significa prometer financiación ilimitada. Significa dirigir recursos donde puedan cambiar de verdad las trayectorias personales, y revisar las políticas que no cumplen su objetivo aunque resulten populares en un discurso.

También rechazo una visión paternalista de quienes atraviesan dificultades económicas. Tener pocos recursos no equivale a carecer de capacidades, conocimientos o aspiraciones. Una persona necesita a veces una red de seguridad; otras, acceso al crédito, formación profesional, movilidad o simplemente que desaparezca una barrera burocrática. La buena política escucha antes de decidir. No debería obligar a aceptar un camino vital único para recibir apoyo ni convertir a sus beneficiarios en figuras pasivas a las que se habla sin permitirles participar.

Un elemento que solemos olvidar es el impacto de la incertidumbre administrativa sobre la economía personal. Una respuesta que se retrasa, una prestación cuya continuidad nadie aclara o una licencia cuyo plazo cambia sin explicación pueden impedir inversiones y decisiones familiares. Simplificar procedimientos y publicar fechas fiables constituye una forma concreta de ampliar libertad económica. No requiere necesariamente una ayuda nueva; muchas veces exige que el Estado cumpla bien lo que ya está obligado a hacer y comunique sus decisiones de manera previsible.

Una economía para decidir

También necesitamos cuidar la competencia en los mercados. Si las pequeñas empresas afrontan costes regulatorios desproporcionados, los grandes operadores pueden acabar siendo los únicos capaces de superarlos. La libertad de emprender se debilita aunque las normas parezcan iguales para todos. Propongo medir esos costes por tamaño empresarial, eliminar duplicidades y mantener controles proporcionados sobre seguridad y derechos. Una economía abierta solo ofrece oportunidades genuinas cuando entrar y competir es realmente posible.

La libertad que defiendo incluye poder decir que no a un abuso laboral, poder iniciar una actividad honesta y poder afrontar un contratiempo sin que toda una familia caiga al vacío. No prometo eliminar la incertidumbre de la vida, porque sería imposible. Propongo reducir las vulnerabilidades evitables y ampliar oportunidades mediante instituciones eficaces y una economía abierta. Un país más libre no es aquel que exhibe la palabra libertad con mayor frecuencia, sino aquel donde más personas pueden tomar decisiones sobre su futuro sin vivir permanentemente al borde del miedo.