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Artículo de opinión · Sociedad y conocimiento

Los profesionales sanitarios tienen mucho que enseñar a quienes deciden sobre sanidad

Una política sanitaria debe escuchar a quienes atienden, gestionan y necesitan cuidados, no solo a quienes redactan las normas.

Artículo de opinión · Marco Musumeci D'Agata · 18/10/2026 · 3 min de lectura

Ilustración editorial de profesionales conversando sobre propuestas para la sociedad
Ilustración editorial generada con inteligencia artificial. Escena recreada; no documenta una reunión real.

La distancia entre una norma y una guardia

Cuando se habla de sanidad, me pregunto cuánto espacio tienen quienes trabajan en una planta hospitalaria, en un centro de salud o en una ambulancia para explicar lo que realmente sucede. La atención sanitaria reúne ciencia, organización, emociones y decisiones tomadas muchas veces bajo presión. Sería ingenuo creer que un documento puede describir por completo esa complejidad. No soy profesional sanitario y precisamente por eso considero imprescindible escuchar a quienes sí lo son. Mi experiencia en economía me permite plantear preguntas sobre recursos y prioridades, pero no sustituye el criterio clínico de un equipo asistencial.

Escuchar también a pacientes y cuidadores

Una enfermera puede describir la carga de trabajo de un turno; un médico, los problemas de continuidad asistencial; un administrativo, la confusión que provocan determinados procedimientos. Pero también el paciente aporta información esencial: cuánto tarda en comprender una cita, qué ocurre cuando recibe indicaciones contradictorias o qué dificultad encuentra una persona mayor para desplazarse. Los cuidadores familiares conocen la vida que existe entre dos consultas. Si olvidamos esas perspectivas, corremos el riesgo de organizar servicios correctos sobre el papel pero difíciles de utilizar en la práctica. La dignidad no es un complemento decorativo del sistema sanitario.

La eficiencia no es tratar a las personas como cifras

En economía solemos preguntar qué resultados se obtienen con los recursos disponibles. En sanidad esa pregunta es necesaria, pero exige cautela. El coste por consulta no cuenta por sí solo toda la historia; una atención apresurada puede desplazar problemas hacia otra parte del sistema. También hay intervenciones preventivas cuyos beneficios aparecen a largo plazo y no caben en un balance mensual. Quisiera que cualquier debate sobre productividad sanitaria reconociera tanto los resultados clínicos como la experiencia de los pacientes y las condiciones del personal. Una gestión responsable debe saber medir sin perder aquello que los indicadores no captan.

Espacios para detectar fallos antes de que se agraven

Imagino equipos de trabajo donde profesionales de distintos niveles puedan identificar obstáculos concretos sin miedo a que toda observación sea interpretada como una crítica desleal. No bastaría con reunirlos una vez para una fotografía. Harían falta canales permanentes, respuestas por escrito y pruebas pequeñas antes de extender reformas. Si un trámite dificulta la coordinación, conviene mapearlo. Si la atención se fragmenta, hay que comprender por qué. Si una solución funciona en un servicio pero no en otro, debemos investigar las diferencias. Aprender de la práctica requiere continuidad, no una campaña puntual.

No confundir experiencia con autoridad absoluta

También me parece importante distinguir entre escuchar a un profesional y concederle automáticamente la última palabra en todas las decisiones. Los especialistas pueden discrepar, y una política pública debe considerar presupuestos, derechos, desigualdades territoriales y necesidades de toda la población. El conocimiento clínico es imprescindible, aunque no agota las preguntas democráticas. Por eso defendería procesos transparentes, participación de pacientes y evaluación independiente. Escuchar de verdad significa poder explicar por qué se adopta una propuesta y por qué se descartan otras.

Lo que puedo aportar desde mi propia profesión

Mi papel, como economista y empresario que ha decidido participar en la vida pública, no consiste en señalar desde fuera cómo debe trabajar quien cuida. Prefiero contribuir a que las decisiones incorporen costes completos, planificación responsable y resultados contrastables. Y, sobre todo, a que los profesionales puedan participar sin convertirse en portavoces obligatorios de ninguna ideología. En la sanidad, como en tantos ámbitos, el conocimiento tiene que encontrarse con la sensibilidad humana. Una sociedad que escucha a quienes cuidan está mejor preparada para comprender lo que necesita mejorar.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
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