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Artículo de opinión · Sociedad y conocimiento

Profesionales jubilados: décadas de experiencia que nuestra sociedad no debería desaprovechar

La jubilación termina una etapa laboral, pero no necesariamente las ganas de seguir aprendiendo y contribuyendo.

Artículo de opinión · Marco Musumeci D'Agata · 18/10/2026 · 3 min de lectura

Ilustración editorial de profesionales conversando sobre propuestas para la sociedad
Ilustración editorial generada con inteligencia artificial. Escena recreada; no documenta una reunión real.

Un conocimiento que no desaparece al jubilarse

Me parece extraño que una sociedad valore tanto la experiencia profesional y, al mismo tiempo, tenga tan pocas conversaciones sobre cómo aprovecharla después de la jubilación. Un ingeniero retirado, una maestra, un comerciante o una enfermera pueden conservar conocimientos útiles y una mirada formada por décadas de trabajo. Eso no significa que tengan la obligación de seguir produciendo. El descanso es un derecho y no debería transformarse en una exigencia moral. Hablo de quienes desean continuar participando por elección propia, con libertad para decidir cuánto tiempo dedicar y en qué condiciones.

El valor de acompañar, no de sustituir

Imagino programas voluntarios donde profesionales jubilados compartan experiencia con jóvenes emprendedores, asociaciones vecinales o proyectos educativos. Un mentor puede ayudar a evitar errores conocidos, explicar procedimientos y hacer preguntas que solo se aprenden después de muchas decisiones. Pero su función no debe sustituir empleos remunerados ni ofrecer una coartada para recortar servicios públicos. Si diseñamos estos espacios, debemos fijar límites transparentes y asegurar que su finalidad sea compartir conocimiento, no cubrir necesidades estructurales con trabajo gratuito.

La experiencia también debe actualizarse

Los años de servicio no garantizan que todas las soluciones antiguas continúen siendo válidas. La tecnología, las leyes y las necesidades sociales cambian. Precisamente por eso sería interesante reunir generaciones diferentes. Los jóvenes pueden aportar nuevas herramientas y lenguajes; las personas mayores, memoria de procesos y experiencias de largo plazo. El intercambio tiene más valor cuando es recíproco. No imagino una mesa donde unos enseñen y otros solo escuchen, sino un espacio donde todos puedan reconocer qué desconocen y encontrar formas de aprender.

Participar sin invadir la vida privada

También me preocupa que la soledad de algunas personas mayores se utilice como argumento para imponer actividades. Cada persona tiene derecho a construir su jubilación como desee: descansar, viajar, cuidar, estudiar o simplemente dedicar tiempo a su familia. Los programas públicos y asociativos deberían facilitar oportunidades, nunca prescribir una forma correcta de envejecer. La participación debe ser accesible para quien la quiera, incluyendo a personas con movilidad limitada o que viven lejos de grandes centros urbanos. Respetar la autonomía es tan importante como reconocer la experiencia.

Una contribución posible a la vida pública

En debates sobre vivienda, cultura, infraestructuras o servicios locales, la memoria profesional puede evitar que olvidemos qué soluciones se intentaron y por qué funcionaron o fracasaron. Pero las decisiones tienen que seguir siendo democráticas, abiertas y sujetas a revisión. Me interesaría crear canales sencillos para recoger propuestas, documentar sus antecedentes y contrastarlas con conocimientos actuales. No se trata de otorgar autoridad especial a la edad, sino de impedir que la sociedad desaproveche ideas valiosas solo porque sus autores ya no estén en activo.

Una sociedad que sabe agradecer sin exigir

Como persona que ha decidido participar en la vida pública desde su trayectoria profesional, siento respeto por quienes acumulan décadas de trabajo. Desearía que su conocimiento estuviera disponible para quienes quieran escucharlo y que esa aportación fuera reconocida con dignidad. Al mismo tiempo, defendería el derecho a no participar. La libertad también consiste en poder cerrar una etapa. Quizás una sociedad madura sea aquella capaz de ofrecer a sus mayores nuevas puertas sin convertir ninguna en una obligación.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
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