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Opinión · Reflexiones económicas y humanas

Por qué una economía puede crecer mientras sus ciudadanos empobrecen

Por Marco Musumeci D'Agata · 2026-10-12
Ilustración editorial sobre por qué una economía puede crecer mientras sus ciudadanos empobrecen

Cada vez que escucho que la economía ha crecido, mi siguiente pregunta es sencilla: ¿quién lo ha notado en su vida? El producto interior bruto registra una magnitud fundamental, pero no es la cuenta corriente de una familia ni el precio de la vivienda que encuentra un joven. Puede aumentar la actividad económica y, al mismo tiempo, disminuir la capacidad de compra de determinados hogares. No hay contradicción matemática: son indicadores diferentes que hablan de dimensiones distintas.

Un aumento del PIB total puede proceder de una población mayor, de sectores de alto valor añadido o de una expansión de la inversión. Para entender su relación con el bienestar debo mirar también el PIB por habitante, los salarios reales, la distribución de la renta, el coste del alojamiento y la estabilidad del empleo. Incluso esas cifras agregadas ocultan diferencias entre generaciones, territorios y tipos de hogar. Ningún promedio sustituye la experiencia de quien dedica una parte desproporcionada de su sueldo al alquiler.

Hay además una cuestión temporal. Las empresas pueden invertir hoy para mejorar la productividad de mañana, y ese esfuerzo no siempre se traduce inmediatamente en salarios superiores. Lo responsable es distinguir un desfase temporal de una situación estructural. Si durante años crece la producción pero no mejora el acceso a una vida digna, debemos examinar cómo se reparten los beneficios, si existe competencia suficiente y qué barreras impiden a los trabajadores progresar.

No propongo enfrentar al empresario con el trabajador. Una empresa incapaz de generar valor añadido y obtener beneficios sostenibles difícilmente creará empleos de calidad. Pero tampoco me parece aceptable celebrar buenos resultados nacionales mientras se normaliza que quienes trabajan no puedan independizarse, ahorrar o criar a sus hijos sin una ansiedad constante. La calidad del crecimiento importa tanto como su volumen.

Para no caer en interpretaciones apresuradas, hay que considerar además el efecto de la inflación. Un salario puede crecer en euros y permitir comprar menos bienes. Una ayuda puede aumentar nominalmente y perder capacidad protectora. También las subidas generalizadas de precios afectan de manera desigual: los hogares que destinan más renta a productos esenciales sienten con mayor intensidad ciertas variaciones. Por eso la comparación económica debe expresar con claridad el período, la población y el ajuste aplicado; de lo contrario, incluso un dato auténtico puede contar una historia incompleta.

Creo que el debate público mejora cuando renunciamos a elegir una sola cifra favorable a nuestra tesis. Si un gobierno señala la creación de empleo, quiero conocer también su calidad y evolución salarial; si la oposición denuncia empobrecimiento, deseo saber qué grupos se ven afectados y cómo se han medido los cambios. La honestidad estadística puede resultar incómoda para todos, pero nos acerca a decisiones mejores. No hay contradicción entre celebrar el crecimiento y exigir que sus beneficios lleguen más ampliamente.

Yo pediría a cualquier gobierno un cuadro de indicadores público, sencillo y comparable en el tiempo: renta disponible real por hogar, pobreza, tiempo de espera sanitaria, abandono escolar, coste de vivienda sobre ingresos y productividad. Publicaría también los límites de cada indicador. Una economía verdaderamente próspera no necesita esconder el PIB; necesita situarlo junto a la realidad de las personas y aceptar preguntas incómodas cuando ambos relatos se separan.

Marco Musumeci D'Agata

Economista político y filántropo

Presidente del Movimiento Liberal Español

Creo en el diálogo y en la libertad de pensamiento. Si deseas compartir una reflexión, puedes escribirme: marco@musumeci.es

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