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¿Por qué España necesita más enfermeras y no simplemente más médicos?

El diagnóstico de enfermería obliga a mirar las profesiones, los territorios y los cuidados, no solo la cantidad de médicos.

Ilustración editorial generada por inteligencia artificial sobre ¿por qué españa necesita más enfermeras y no simplemente más médicos?

Una comparación que obliga a pensar

Cuando hablamos de falta de personal sanitario, solemos pedir más médicos de manera genérica. Comprendo esa reacción: todos queremos ser atendidos con rapidez. Pero como economista creo que las respuestas deben comenzar por los datos y por la organización efectiva del trabajo clínico. Mi estudio recoge que España tenía 4,4 médicos en ejercicio por cada mil habitantes frente a una media de 3,9 en la OCDE. Esa diferencia no significa que sobre ningún médico en un ambulatorio concreto.

En cambio, la comparación de enfermería es más preocupante: 5,9 profesionales en ejercicio por cada mil habitantes en España frente a 9,2 en la OCDE. La diferencia apunta hacia un problema de composición de equipos, aunque la propia organización internacional advierte de diferencias metodológicas en la clasificación de auxiliares y otros apoyos. No quiero usar estas cifras para una batalla entre profesiones. Quiero utilizarlas para preguntar cómo conseguir que médicos, enfermeras y personal de apoyo dispongan del tiempo que requiere una atención de calidad.

El valor clínico de la enfermería

Una enfermera no es un complemento decorativo del hospital. Es una profesional decisiva para la observación del paciente, la educación sanitaria, la administración de cuidados, el seguimiento de patologías crónicas y la continuidad asistencial. Cuando los equipos están desequilibrados, aumentan las cargas laborales y disminuye el margen para escuchar, prevenir errores y acompañar a las familias. Eso importa tanto como disponer de tecnología avanzada.

La atención primaria también depende de equipos multiprofesionales. Una enfermería bien dimensionada puede mejorar el seguimiento de personas mayores, fomentar la prevención y evitar desplazamientos innecesarios. Pero para lograrlo hacen falta competencias claras, protocolos, carrera profesional y coordinación. La respuesta no consiste solo en contar cabezas, sino en diseñar tareas que aprovechen la preparación de cada profesional y protejan al paciente.

No confundir una estimación con una promesa

Con la población utilizada en mi documento, igualar mecánicamente la ratio media de enfermería de la OCDE daría una brecha del orden de 164.000 profesionales. Sería irresponsable anunciar esa cantidad como una contratación inmediata. Es un cálculo de dimensión, sujeto a diferencias estadísticas, posibilidades formativas, disponibilidad de titulados y necesidades territoriales. Mi propuesta es un plan plurianual de convergencia parcial, con objetivos revisables.

Y tampoco olvidaría los déficits de medicina de familia, geriatría, psiquiatría y radiología que aparecen en los estudios de planificación. Las ratios nacionales pueden ocultar comarcas donde cubrir una plaza resulta dificilísimo. El mapa debe desagregarse por especialidad, área sanitaria y edad de los profesionales. Un país no mejora su sanidad si distribuye nuevos efectivos sin mirar dónde están las ausencias más graves.

Una sanidad que tenga tiempo para tratar

Propongo que el refuerzo de enfermería se mida por resultados: continuidad de cuidados, menor presión asistencial, menos reingresos evitables y mejor experiencia del paciente. Los indicadores deben construirse con profesionales, no imponerse desde un despacho sin conocer la práctica clínica. Además, cada nueva plaza tiene un coste total y requiere capacidad de formación, supervisión e infraestructura.

Cuando he hablado de una sanidad excelente siempre he pensado también en su humanidad. Quiero que una persona enferma sienta que el sistema dispone de tiempo para mirarla a los ojos, escucharla y darle una explicación comprensible. Por eso sostengo que España debe corregir sus desequilibrios de personal, empezando por los déficits comprobados, no por titulares que prometen aumentos indiscriminados de todas las plantillas.

Qué haría antes de contratar

Antes de aprobar una cifra nacional de nuevas enfermeras estudiaría qué hospitales y centros de salud presentan más carga de trabajo, tasas de rotación o vacantes difíciles de cubrir. Después acordaría con los equipos clínicos ratios funcionales según pacientes, turnos y cartera de servicios, no solo una comparación estadística exterior. Las necesidades de una unidad de cuidados intensivos, una residencia o una consulta comunitaria no son idénticas. Una política respetuosa con la profesión debe evitar que las cifras internacionales se conviertan en objetivos simplistas.

También hay que pensar en la formación. La universidad y los centros sanitarios necesitan capacidad suficiente para preparar profesionales, y las comunidades autónomas deben ofrecer condiciones que permitan retenerlos. Si una plaza se convoca pero permanece vacante, el anuncio no habrá servido al ciudadano. Por eso vincularía el plan al seguimiento de contrataciones efectivas, continuidad de los equipos y calidad de los cuidados, evitando promesas imposibles de cumplir en un único ejercicio.

El desafío de distribuir bien los equipos

La comparación internacional solo es el comienzo. Una región rural con población envejecida tiene problemas diferentes de los de un gran hospital universitario; una zona turística multiplica su población real en ciertas épocas, y una unidad especializada necesita perfiles concretos. Por eso propondría acuerdos entre las comunidades autónomas para publicar mapas de cobertura que permitan distinguir ratios generales, profesionales disponibles por turno y vacantes difíciles de cubrir. El ciudadano debe conocer no solo cuántos efectivos figuran en una plantilla, sino si hay equipos suficientes cuando necesita ayuda.

La estrategia debería incorporar incentivos para destinos con problemas persistentes de cobertura, formación continuada y capacidad para sustituir bajas. Sin esas condiciones, una convocatoria puede producir titulares y no resolver ausencias. Quiero contratos efectivos y equipos estables. También analizaría cómo pueden apoyar gestores de casos, técnicos y profesionales administrativos bien coordinados, porque liberar tiempo sanitario exige organización. No basta con sumar enfermeras: debemos permitirles ejercer aquello para lo que se han formado, con condiciones seguras y respeto profesional.

Este artículo desarrolla reflexiones personales basadas en mi estudio «Ley Nacional de Prioridad de los Servicios Esenciales y Reequilibrio del Empleo Público». Sus escenarios y metas de planificación son propuestas propias, no resultados oficiales ni efectos garantizados.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
marco@musumeci.es
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