Por qué defiendo un liberalismo humanista para el siglo XXI
La libertad económica cobra sentido cuando amplía las oportunidades de las personas.
Por Marco Musumeci D'Agata · 11 de octubre de 2026 · Opinión

Cuando hablo de liberalismo no pienso únicamente en impuestos, empresas y mercados. Pienso en personas que quieren decidir sobre su futuro y necesitan condiciones reales para hacerlo. Defiendo la iniciativa individual, pero no ignoro que el punto de partida de cada ciudadano puede ser muy diferente.
Una sociedad abierta necesita seguridad jurídica, competencia, educación y servicios públicos capaces de proteger derechos. La libertad de emprender pierde fuerza si abrir una actividad exige meses de trámites; la libertad de elegir también se debilita cuando una familia no dispone de opciones básicas de vivienda o atención sanitaria.
No propongo sustituir la responsabilidad personal por la tutela permanente del Estado. Propongo instituciones que eliminen obstáculos, hagan cumplir las reglas y actúen con sensibilidad ante situaciones de vulnerabilidad. Una economía que crece a costa de dejar atrás a muchos no responde a mi concepto de progreso.
Para mí, el liberalismo humanista combina autonomía, solidaridad y resultados medibles. Juzgaría las políticas por su capacidad de ampliar vidas posibles: mejores empleos, acceso efectivo a derechos, innovación y bienestar. La dignidad humana debe ser el propósito, no una nota al pie de la economía.