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Opinión · Democracia y ciudadanía

No quiero ciudadanos obedientes: quiero ciudadanos libres y responsables

La libertad democrática exige criterio, información y participación

Por Marco Musumeci D'Agata

Imagen editorial ilustrativa para el artículo: No quiero ciudadanos obedientes: quiero ciudadanos libres y responsables

Una democracia no se fortalece cuando sus ciudadanos renuncian a preguntar. Se fortalece cuando pueden cuestionar al poder sin miedo, debatir con libertad y participar más allá de acudir a votar. Considero que la obediencia ciega es una mala sustituta de la convivencia democrática.

La libertad que defiendo no significa ausencia de reglas. Significa reglas justificadas, iguales en su aplicación y compatibles con los derechos fundamentales. También implica reconocer que mis decisiones afectan a los demás: defender mi autonomía no me autoriza a ignorar su dignidad ni a trasladarles irresponsablemente mis costes.

La educación cívica merece una atención especial. Saber distinguir un dato de una opinión, comprobar una fuente, interpretar un presupuesto o reconocer un conflicto de intereses son habilidades democráticas. Sin ellas, el debate público puede reducirse a mensajes emocionantes que no resisten una revisión mínima.

Tampoco idealizo la participación constante. Muchas personas trabajan largas jornadas, cuidan familiares o sencillamente no tienen tiempo para seguir cada expediente municipal. Las instituciones deben facilitar vías sencillas de consulta y explicación, no exigir una dedicación imposible para ser escuchado.

Quiero una sociedad donde discrepemos sin convertir al adversario en enemigo, donde el ciudadano pueda cambiar de opinión sin vergüenza y donde nadie confunda respeto con silencio. Para mí, gobernar bien también consiste en crear las condiciones para que la ciudadanía pueda disentir libremente.

La libertad de pensamiento no significa que todas las opiniones tengan el mismo respaldo factual. Creo que debemos poder expresar desacuerdos profundos sin deshumanizar al interlocutor, pero también corregir los errores cuando existen pruebas suficientes. En un espacio público saturado de mensajes rápidos, aprender a distinguir un dato de una interpretación constituye una capacidad cívica esencial. Por eso defiendo una educación que enseñe razonamiento, debate y alfabetización mediática, no obediencia intelectual.

La responsabilidad complementa a la libertad porque nuestras decisiones tienen efectos sobre los demás. Un empresario debe poder innovar y competir, pero también respetar las condiciones de trabajo y las normas comunes. Un ciudadano puede criticar a su ayuntamiento, pero esa crítica será más útil si participa en las consultas, presenta propuestas concretas y exige seguimiento. Las instituciones, a su vez, deben hacer posible esa participación sin exigir conocimientos técnicos que excluyan a buena parte de la población.

No pretendo idealizar la intervención ciudadana. También existen conflictos de interés, información incompleta y preferencias contrapuestas. La democracia representativa se organiza justamente para tomar decisiones colectivas bajo reglas compartidas. Mi propuesta no consiste en reemplazar esas reglas por una sucesión de impulsos; consiste en fortalecer la autonomía de los ciudadanos dentro de ellas, para que la discrepancia sea una contribución legítima y no un problema que el poder intente silenciar.

Marco Musumeci D'Agata

Economista político y filántropo

Presidente del Movimiento Liberal Español

Contacto: marco@musumeci.es

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