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Reflexiones personales · Artículo 60

Mi mayor ambición no es el poder: es dejar algo útil a los demás

Por Marco Musumeci D'Agata · 12 de octubre de 2026

Ilustración editorial sobre Mi mayor ambición no es el poder: es dejar algo útil a los demás
Imagen editorial ilustrativa generada con inteligencia artificial.

La ambición es una palabra que suele relacionarse con poder, influencia o reconocimiento. No creo que sea necesariamente negativa. Sin ambición sería difícil emprender proyectos complejos, investigar soluciones o sostener esfuerzos durante años. La cuestión decisiva es hacia dónde la orientamos. Mi aspiración más profunda no es que otras personas obedezcan mis ideas; es que algunas de esas ideas puedan servir para ampliar su libertad y su bienestar.

El poder puede ser un medio legítimo dentro de instituciones democráticas, pero nunca debería confundirse con una propiedad personal. Quien asume una responsabilidad pública administra recursos y decisiones que pertenecen a todos. Eso exige límites, controles y la disposición real a rendir cuentas. Me interesa una política en la que las funciones importen más que los cargos y los resultados tengan más peso que la escenografía.

Como economista, defiendo evaluar las decisiones por sus consecuencias. Quiero saber cuánto cuesta una actuación, a quién beneficia, quién queda excluido y qué alternativas se han considerado. No basta con anunciar presupuestos elevados o inaugurar instalaciones. Las cifras de gasto son el punto de partida; la pregunta moral y económica es cuánto bienestar concreto producen y cómo podemos verificarlo.

Mi ambición también tiene una dimensión humana. Quisiera contribuir a una sociedad donde la edad no condene a la soledad, el origen familiar no cierre las oportunidades, la enfermedad no destruya la dignidad y trabajar no sea incompatible con sostener un hogar. Estos objetivos requieren acuerdos y perseverancia, no una sola voz providencial. Cualquier iniciativa valiosa será más fuerte si muchas personas pueden comprenderla, discutirla y mejorarla.

No prometo soluciones milagrosas. Los problemas sociales contienen conflictos de intereses, limitaciones presupuestarias y efectos imprevistos. Precisamente por eso considero importante escuchar a quienes conocen de cerca sus consecuencias. Una buena propuesta debe ser capaz de sobrevivir al contraste con la realidad. Si una medida no funciona, corregirla debería ser un signo de responsabilidad, no una derrota que deba ocultarse.

En ese camino, considero indispensable respetar a quienes no comparten mis prioridades. La democracia no concede un mandato ilimitado a quien obtiene una mayoría ni convierte a la minoría en un obstáculo que deba desaparecer. El poder público necesita procedimientos que permitan debatir, impugnar y revisar decisiones. Si una propuesta no puede ser explicada ante quienes discrepan de ella, probablemente necesite mayor trabajo antes de convertirse en política.

También quiero preservar la diferencia entre servir y necesitar ser admirado. Quien busca admiración puede terminar escogiendo acciones por su visibilidad; quien busca utilidad debe aceptar tareas modestas, lentas y poco fotogénicas. Mejorar la atención administrativa, reducir esperas o reparar infraestructuras quizá no proporcione grandes discursos, pero puede cambiar de forma tangible una jornada de trabajo, una visita médica o la vida cotidiana de una familia.

Si alguna vez tengo que elegir entre conservar una posición y defender una decisión útil para los demás, quisiera no olvidar cuál es la finalidad de todo esto. El poder termina, los titulares se olvidan y los cargos cambian de manos. Una escuela que mejora, un servicio sanitario más humano o una oportunidad que antes no existía pueden seguir beneficiando a personas mucho después. Ese es el tipo de ambición que considero digno de una vida.

Marco Musumeci D'Agata

Economista político y filántropo

Presidente del Movimiento Liberal Español

Creo en el diálogo y la libertad de pensamiento. Si deseas compartir una reflexión, puedes escribirme: marco@musumeci.es

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