La soledad de nuestros mayores: una responsabilidad que no quiero ignorar

La soledad no deseada requiere escucha, redes comunitarias y respuestas sostenidas.

Por Marco Musumeci D'Agata · 11 de octubre de 2026 · Opinión

Ilustración editorial relacionada con la soledad de nuestros mayores: una responsabilidad que no quiero ignorar

Hay sufrimientos que rara vez aparecen en una estadística con toda su intensidad. Pienso en la persona mayor que pasa días sin mantener una conversación significativa, que ha perdido vínculos o que encuentra complicado salir de su casa. La soledad no deseada merece atención pública y humana.

No debemos confundir vivir solo con sentirse solo. Muchas personas disfrutan de su independencia. El problema aparece cuando faltan relaciones deseadas, apoyo o posibilidades de participar en la comunidad. Por eso las respuestas deben ser voluntarias, respetuosas con la autonomía y adaptadas a cada situación.

Los municipios pueden contribuir con centros comunitarios accesibles, programas de acompañamiento supervisados, actividades intergeneracionales y coordinación con servicios sociales y sanitarios. También me parece importante mejorar la accesibilidad de los barrios y la información sobre recursos disponibles.

Querría medir si estas iniciativas generan vínculos duraderos y llegan realmente a quienes más los necesitan. No basta organizar un acto público y dar por resuelto el problema. Envejecer dignamente incluye poder seguir formando parte de la vida común sin imposiciones ni abandono.