La inteligencia artificial y el empleo: cómo compartir sus beneficios

La innovación debe traducirse también en formación, seguridad y mejores empleos.

Por Marco Musumeci D'Agata · 11 de octubre de 2026 · Opinión

Ilustración editorial relacionada con la inteligencia artificial y el empleo: cómo compartir sus beneficios

La inteligencia artificial está cambiando tareas de oficinas, talleres, hospitales y comercios. No creo que la pregunta correcta sea si debemos detenerla. Me interesa saber quién se beneficia de sus avances, quién asume los riesgos y cómo convertir productividad tecnológica en oportunidades para el conjunto de la sociedad.

No todos los empleos cambiarán de igual manera. Algunas tareas podrán automatizarse, otras se complementarán con nuevas herramientas y surgirán necesidades que todavía no conocemos bien. Prometer que nadie sufrirá transiciones sería tan imprudente como afirmar que desaparecerá el trabajo humano.

La Unión Europea aplica progresivamente su Reglamento de Inteligencia Artificial. La Comisión ha establecido obligaciones de transparencia y calendarios específicos para determinados sistemas de alto riesgo. Esa regulación importa, pero no sustituye la política de formación, negociación y adaptación de los servicios públicos y de las pequeñas empresas.

Propongo medir las ganancias de tiempo y calidad que produce la IA, facilitar formación continua y prestar especial atención a trabajadores con menos recursos para reciclarse. También estudiaría incentivos para que pequeñas empresas adopten herramientas seguras sin una carga administrativa desproporcionada. Quiero una innovación que amplíe capacidades humanas, no una modernización cuyo coste recaiga exclusivamente en quienes menos margen tienen.