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Artículo de opinión · Sociedad y conocimiento

Ingenieros, arquitectos y urbanistas: el talento que necesitamos para repensar nuestras ciudades

Una ciudad no mejora solo porque tenga un gran proyecto; mejora cuando sus espacios funcionan para quienes los habitan.

Artículo de opinión · Marco Musumeci D'Agata · 18/10/2026 · 3 min de lectura

Ilustración editorial de profesionales conversando sobre propuestas para la sociedad
Ilustración editorial generada con inteligencia artificial. Escena recreada; no documenta una reunión real.

La ciudad como experiencia cotidiana

Vivir en una ciudad significa desplazarse, acceder a servicios, encontrar vivienda, convivir con otras personas y utilizar espacios que alguien diseñó tiempo atrás. A menudo discutimos infraestructuras como si fueran trofeos políticos. A mí me interesa una pregunta menos espectacular: ¿cómo afectan realmente a la vida diaria? Un arquitecto puede estudiar la habitabilidad; un ingeniero, la seguridad de una estructura; un urbanista, las relaciones entre barrios y movilidad. Pero el vecino que recorre una calle con un carrito o una silla de ruedas también conoce obstáculos que un plano no refleja.

No confundir construir con resolver

Una obra pública puede ser necesaria y, sin embargo, estar mal planteada. Una gran inversión puede atraer titulares sin responder a la necesidad que la justificó. En mi trabajo empresarial aprendí a desconfiar de los proyectos que solo se evalúan por su presupuesto inicial. También importa el mantenimiento, la vida útil, la accesibilidad y el coste de corregir decisiones precipitadas. La planificación urbana exige pensar en décadas, mientras que la política suele funcionar con calendarios mucho más cortos. Esa tensión merece una discusión honesta y herramientas de evaluación abiertas.

La vivienda no se soluciona con una única disciplina

Si hablamos de vivienda, necesitamos combinar conocimientos de suelo, construcción, financiación, derecho, energía, demografía y servicios sociales. No sería serio pedir a un solo gremio que resolviera todo. La experiencia de los profesionales ayuda a identificar costes y límites técnicos; la participación ciudadana permite expresar necesidades y preferencias; los responsables públicos deben ponderar objetivos colectivos. Me interesaría especialmente que cada alternativa se explicara con claridad: qué permite construir, qué recursos exige, qué riesgos presenta y cuánto tiempo podría necesitar. Las promesas vagas no sustituyen la planificación.

Diseñar para quienes suelen quedar fuera

Una ciudad puede resultar cómoda para una persona y extraordinariamente difícil para otra. Pienso en mayores que necesitan bancos y sombras, en familias con niños pequeños, en trabajadores que dependen del transporte público y en personas con discapacidad. Por eso defendería procesos de escucha que incorporen recorridos reales, pruebas de accesibilidad y consultas diversas. La participación no debe limitarse a reuniones donde solo pueden acudir quienes disponen de tiempo y recursos. La experiencia urbana está distribuida entre millones de rutinas que merecen atención.

Transparencia de los proyectos y de sus efectos

Los expertos pueden discrepar sobre materiales, densidad, movilidad o prioridades presupuestarias. Me gustaría que las administraciones hicieran visibles esas alternativas y explicaran por qué eligen una. Publicar un plano no equivale a hacer comprensible una decisión. Se necesitan resúmenes accesibles, criterios comparables y respuestas a las objeciones. También habría que evaluar resultados después de inaugurar una obra. Si una solución genera nuevos problemas, reconocerlos debería ser parte de una gestión madura, no un motivo para esconder información.

Ciudades pensadas con conocimiento y con humildad

Mi aportación desde la economía consiste en reclamar decisiones sostenibles y capaces de explicar sus costes. No sustituye a la creatividad de los arquitectos ni al conocimiento de la ingeniería. Tampoco convierte a los especialistas en autoridades por encima de la ciudadanía. Precisamente la combinación de rigor profesional, participación pública y responsabilidad democrática puede ayudarnos a pensar mejor nuestras ciudades. No necesito una ciudad diseñada para una fotografía oficial. Necesito ciudades donde vivir dignamente sea cada día un poco más sencillo.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
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