Europa necesita una política económica que no olvide a las personas

Crecimiento, productividad y cohesión social deben formar parte de una misma evaluación.

Por Marco Musumeci D'Agata · 11 de octubre de 2026 · Opinión

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Observo el debate económico europeo y encuentro una tensión que no deberíamos aceptar como inevitable: hablar de competitividad y, al mismo tiempo, tratar el bienestar cotidiano como un asunto secundario. Creo que una economía sólida necesita empresas capaces de innovar, trabajadores formados y ciudadanos que confíen en su futuro.

Europa comparte mercado e instituciones, pero sus territorios viven realidades distintas. La inversión productiva no llega con la misma facilidad a una gran capital y a una pequeña localidad. Tampoco afrontan los mismos obstáculos un autónomo, una empresa exportadora o una familia que destina una parte excesiva de sus ingresos a la vivienda.

La Comisión Europea, en sus previsiones para España de mayo de 2026, distinguía crecimiento, inflación, empleo y cuentas públicas. Son datos necesarios; no constituyen, por sí solos, una descripción completa de la vida de la gente. Yo añadiría indicadores de acceso a la vivienda, salud, formación, pobreza energética y tiempo administrativo perdido.

Mi planteamiento es evaluar las iniciativas europeas con una doble pregunta: ¿mejoran la capacidad de producir riqueza de manera sostenible y amplían las oportunidades para vivir dignamente? No propongo enfrentar empresa y protección social. Propongo medir los resultados de ambas, corregir los fallos y exigir que cada decisión económica tenga un propósito humano visible.