Artículo de opinión · Diseño tributario

El salto fiscal de los 25.000 euros: un problema que debemos estudiar antes de legislar

El diseño original del umbral exento plantea una discontinuidad importante. Reconocerla mejora el debate, no lo debilita.

Fotografía editorial sobre El salto fiscal de los 25.000 euros: un problema que debemos estudiar antes de legislar

Las reformas tributarias se anuncian habitualmente mediante sus cifras más fáciles de recordar. En mi caso, el 10 % y los 25.000 euros. Pero la calidad de una norma no se mide por su facilidad para convertirse en titular, sino por cómo se comporta en los casos reales. Uno de esos casos se encuentra exactamente al cruzar el umbral de renta que he propuesto proteger.

El estudio IRPF 10 contempla que hasta 25.000 euros anuales la cuota sea cero. Si la renta supera esa cifra, se aplica el 10 % sobre su totalidad. El ejemplo es inequívoco: con 25.000 euros no se pagaría IRPF; con 25.001 euros, la cuota teórica sería de 2.500,10 euros. No es un detalle menor. El aumento de un euro de renta activaría una obligación tributaria de más de dos mil quinientos euros.

Una discontinuidad crea incentivos particulares. Una persona podría intentar no superar el umbral, retrasar ingresos o reorganizar decisiones para evitar un salto brusco de renta disponible. Eso contradice, al menos en esa zona, la intención de ofrecer reglas sencillas que no desincentiven el crecimiento. No sería honesto afirmar que el diseño elimina todas las distorsiones: reduce algunas complejidades y crea otra que merece atención prioritaria.

Hay formas alternativas de construir la protección. Una podría gravar únicamente la renta que excede del umbral; otra introducir una transición progresiva para evitar la caída abrupta; otra combinar deducciones y un tipo único en determinadas bases. Cada solución modifica recaudación, progresividad y facilidad de comprensión. No debemos adoptar una de ellas por intuición, sino comparar su efecto con datos individuales anonimizados.

La simplicidad es un objetivo, no un dogma. Que una regla pueda explicarse en una frase no basta si produce resultados difíciles de defender en los márgenes. Por otro lado, un impuesto compuesto por decenas de excepciones también puede terminar resultando opaco y costoso. La tarea legislativa consiste en encontrar un equilibrio: claridad para el ciudadano, continuidad de incentivos y recaudación compatible con servicios esenciales.

Además, el umbral interactúa con prestaciones sociales, cotizaciones y otros tributos. Una persona que aumenta sus ingresos podría perder una ayuda al mismo tiempo que entra en un nuevo régimen fiscal. Si analizamos únicamente la cuota de IRPF, podemos pasar por alto la verdadera variación de su renta disponible. Los responsables de una reforma deben estudiar la carga fiscal y las transferencias en conjunto.

Yo propondría una simulación por intervalos estrechos alrededor de los 25.000 euros, con atención a asalariados, autónomos, hogares de distinto tamaño y comunidades autónomas. También estudiaría efectos sobre declaración de rentas, negociación salarial y comportamiento laboral. La publicación de esos resultados permitiría decidir si el diseño original necesita modificaciones antes de convertirse en ley.

Este riesgo tiene incluso una dimensión psicológica. Si una persona siente que mejorar su salario la deja temporalmente con menos dinero disponible, puede perder confianza en la justicia del sistema. Esa percepción afecta al cumplimiento y a la aceptación de la reforma, aunque el diseño sea formalmente transparente. La simplicidad no debería obligarnos a tolerar situaciones que el ciudadano vive como arbitrarias. Una legislación sostenible necesita reglas comprensibles, pero también razonables en sus márgenes.

En lugar de esconder este problema, preferiría publicar ejemplos representativos y someter las alternativas a debate técnico. Que trabajadores, asesores, sindicatos, empresarios y expertos universitarios puedan discutirlas ayuda a detectar consecuencias que un despacho ministerial podría pasar por alto. La mejor versión de una propuesta no siempre coincide con su primera formulación. Mi compromiso sería defender el objetivo de proteger rentas modestas y mejorar incentivos, aunque la técnica legislativa deba evolucionar para hacerlo bien.

No siento que reconocer una dificultad técnica debilite mi propuesta. Al contrario, considero que la fortaleza de una idea política se demuestra al someterla a crítica antes de imponerla. Quiero una fiscalidad más sencilla y protectora, pero no a costa de introducir una trampa económica para quien intenta ganar un poco más. Si encontramos un diseño mejor, debemos tener la humildad de adoptarlo.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
marco@musumeci.es
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