DEMOCRACIA22.ES

Reflexiones personales · Artículo 53

El éxito que ya no persigo: cómo ha cambiado mi concepto de riqueza

Por Marco Musumeci D'Agata · 12 de octubre de 2026

Ilustración editorial sobre El éxito que ya no persigo: cómo ha cambiado mi concepto de riqueza
Imagen editorial ilustrativa generada con inteligencia artificial.

Durante años se nos ha presentado una imagen del éxito vinculada a la acumulación: más patrimonio, más reconocimiento, más influencia. No niego el valor de la prosperidad económica. Conozco la importancia de crear riqueza, asumir riesgos e invertir con visión de futuro. Pero me resisto a aceptar que la cantidad acumulada pueda describir, por sí sola, la calidad de una existencia. Hay personas económicamente solventes que viven atrapadas por el miedo a perder y personas con pocos recursos cuya humanidad ilumina a quienes las rodean.

Mi reflexión no pretende glorificar la pobreza. La carencia material puede limitar de forma dramática la libertad. Cuando alguien no puede pagar una vivienda, atender su salud o cubrir necesidades básicas, pedirle que sea feliz con poco puede convertirse en una forma de indiferencia. Precisamente porque conozco la importancia de los recursos, quiero que la economía permita ensanchar las oportunidades en vez de convertirse en una competición permanente de prestigio.

He llegado a pensar que existen dos clases distintas de riqueza. Una es la que se puede contabilizar, transmitir, invertir o perder. La otra está hecha de tiempo disponible, vínculos de confianza, salud, aprendizaje, respeto y capacidad de decidir sobre la propia vida. No son mundos separados: la primera puede proteger y ampliar la segunda. El error comienza cuando una ocupa por completo el lugar de la otra.

Una sociedad que admira exclusivamente a quienes más acumulan corre el riesgo de invisibilizar profesiones y tareas esenciales. ¿Cómo se registra el valor de quien acompaña a un enfermo, educa a un niño o cuida a una persona dependiente? Algunas de esas actividades tienen remuneración insuficiente y otras se realizan sin pago. Sin embargo, sin ellas la vida colectiva sería inviable. La contabilidad nacional no agota el concepto de contribución humana.

También desconfío de la idea de que la ambición deba desaparecer para ser solidario. Se puede aspirar a crear grandes proyectos y, a la vez, preguntarse a quién sirven. La ambición puede resultar fecunda cuando se somete a límites éticos: no aprovecharse del vulnerable, cumplir compromisos, compartir oportunidades y aceptar que ningún resultado financiero justifica cualquier medio.

Quisiera que el debate público incorporara indicadores de prosperidad que observaran aquello que no aparece con suficiente claridad en una cuenta de resultados. El acceso efectivo a servicios sanitarios, la posibilidad de emanciparse, el tiempo de desplazamiento al trabajo o la soledad involuntaria afectan de manera profunda a la vida cotidiana. Una nación puede celebrar el crecimiento de su producción mientras millones de personas tienen la sensación de que su horizonte individual se estrecha.

En lo personal, esta reflexión me invita a preguntarme qué decisiones tomaría si no existieran aplausos ni reconocimiento. ¿Seguiría defendiendo una causa si nadie supiera que participé? ¿Consideraría exitoso un proyecto cuyos beneficios se repartieran entre personas desconocidas? Estas preguntas ayudan a separar el deseo legítimo de realizar algo importante de la necesidad de aparecer siempre vinculado a su resultado.

No renuncio a emprender ni a construir. Renuncio a considerar que el éxito termina en una cifra. Si al concluir una etapa descubro que he producido valor económico, pero también he ayudado a otras personas a vivir con más libertad, consideraré que ambas dimensiones se han reforzado. Esa es la riqueza que me interesa perseguir: una prosperidad que pueda explicarse sin esconder el destino humano de sus frutos.

Marco Musumeci D'Agata

Economista político y filántropo

Presidente del Movimiento Liberal Español

Creo en el diálogo y la libertad de pensamiento. Si deseas compartir una reflexión, puedes escribirme: marco@musumeci.es

Leer más artículos de opinión →