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Artículo de opinión · Sociedad y conocimiento

El conocimiento no tiene carnet político: aprender a colaborar sin pensar igual

No tenemos que compartir una ideología para comprobar juntos si una propuesta funciona.

Artículo de opinión · Marco Musumeci D'Agata · 18/10/2026 · 3 min de lectura

Ilustración editorial de profesionales conversando sobre propuestas para la sociedad
Ilustración editorial generada con inteligencia artificial. Escena recreada; no documenta una reunión real.

El error de preguntar primero a qué lado perteneces

Me inquieta la costumbre de clasificar a las personas antes de escuchar lo que dicen. A veces basta una palabra para que un argumento deje de ser examinado y pase a ser rechazado por su procedencia. He conocido profesionales que discrepan profundamente en cuestiones políticas y, sin embargo, coinciden al describir una dificultad concreta en su trabajo. Esa coincidencia no borra sus valores, pero demuestra que la realidad puede ofrecer un lenguaje común. Cuando me acerqué a PARTIDO AUTÓNOMOS lo hice con mis propias ideas y con la voluntad de aportar conocimientos, no con la expectativa de que todos los demás debieran pensar como yo.

Los datos tampoco hablan solos

Defender una política basada en evidencias no significa imaginar que los números resuelven todas las discusiones. Los datos pueden mostrar qué ocurre, cuánto cuesta una medida o a quién afecta. Pero elegir una prioridad requiere juicios de valor. Dos personas pueden aceptar las mismas cifras sobre vivienda y diferir en la solución porque ponderan de manera distinta la propiedad, el acceso o la seguridad jurídica. Lo responsable es hacer explícitas esas diferencias en vez de disfrazarlas de certezas técnicas. Mi aspiración es que las discrepancias sean comprensibles y que ninguna se utilice como excusa para ignorar hechos incómodos.

El valor de una conversación sin etiquetas

Imaginemos una mesa con una maestra, un comerciante, un trabajador social y un ingeniero. Cada cual describe obstáculos distintos y probablemente propone prioridades diferentes. Si la conversación empieza con ataques a sus preferencias políticas, perdemos la oportunidad de entender qué saben. Prefiero comenzar por preguntas: ¿qué has observado directamente?, ¿qué datos apoyan tu impresión?, ¿qué efectos secundarios podría tener tu propuesta?, ¿quién no está representado en esta mesa? Son preguntas exigentes, pero no humillantes. Permiten diferenciar el conocimiento profesional de las opiniones personales sin despreciar ninguna de las dos cosas.

Cooperar no significa callar las diferencias

Me parece igualmente importante evitar una falsa armonía. La colaboración no consiste en asentir a todo ni en presentar como consenso lo que continúa siendo discutido. Hay políticas que distribuyen costes y beneficios de formas incompatibles con las preferencias de distintas personas. Es legítimo disentir. Lo que rechazo es transformar cualquier desacuerdo en una descalificación moral automática. Una sociedad plural necesita instituciones donde sea posible perder una discusión sin quedar expulsado de la conversación. La cortesía, bien entendida, no debilita el debate: permite que siga existiendo.

Independencia intelectual y responsabilidades

Participar en una organización implica aceptar procedimientos, pero no debería exigir apagar el pensamiento crítico. Cada persona puede ofrecer una idea, someterla a revisión y admitir que quizás no resulte la elegida. A su vez, las instituciones y los partidos necesitan mecanismos de rendición de cuentas: acuerdos escritos, responsabilidades identificadas y explicaciones claras a quienes representan. Sin esas garantías, invocar el conocimiento técnico puede convertirse en una manera elegante de concentrar poder. Me interesa exactamente lo contrario: un conocimiento más accesible y discutible.

Mi invitación al debate, no a la uniformidad

Siempre recordaré que una propuesta buena puede llegar desde una persona que nunca votaría como yo. Quiero conservar esa disposición porque me protege de dos tentaciones: creer que tengo todas las respuestas y creer que los demás actúan siempre de mala fe. Mi compromiso personal es escuchar antes de etiquetar, exigir argumentos antes de aplaudir y preferir una solución imperfecta pero honesta a una consigna impecable que nunca se lleva a la práctica. La convivencia democrática no necesita unanimidad. Necesita ciudadanos capaces de discutir sin dejar de reconocerse como iguales.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
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