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Artículo de opinión · Sociedad y conocimiento

Del campo a las instituciones: por qué necesitamos escuchar a quienes producen nuestros alimentos

El agricultor ve un territorio que muchas decisiones públicas observan solo desde una hoja de cálculo.

Artículo de opinión · Marco Musumeci D'Agata · 18/10/2026 · 3 min de lectura

Ilustración editorial de profesionales conversando sobre propuestas para la sociedad
Ilustración editorial generada con inteligencia artificial. Escena recreada; no documenta una reunión real.

Una conversación que empieza en la tierra

Cuando pienso en la agricultura, me vienen a la cabeza cuestiones que ningún discurso puede borrar: la disponibilidad de agua, el coste de una campaña, los riesgos del clima, la necesidad de invertir antes de cobrar y la incertidumbre de los mercados. He aprendido en la empresa que quien asume riesgos cotidianos suele detectar problemas antes de que aparezcan en las estadísticas. En el campo esa experiencia resulta especialmente valiosa. No soy agricultor, y no pretendo hablar en nombre de todos ellos. Precisamente por eso considero importante escuchar a quienes cultivan, crían ganado, transportan y comercializan alimentos.

Más allá de una fotografía con tractores

La escucha institucional no puede consistir en visitar una explotación una mañana y regresar con una lista de frases preparadas. Haría falta conocer la diversidad del sector: pequeños productores, cooperativas, empresas familiares, nuevas incorporaciones, trabajadores temporales y profesionales de la distribución. Lo que funciona para una actividad intensiva puede ser inadecuado para una explotación de montaña. Una propuesta debe distinguir tamaños, territorios y cadenas de valor. Me gustaría que las decisiones se construyeran con esa precisión, en lugar de utilizar la palabra campo como si describiera una realidad única.

La sostenibilidad requiere conocimiento compartido

Considero inseparables la viabilidad económica y la responsabilidad ambiental. El suelo, el agua y la biodiversidad no son recursos infinitos, pero tampoco podemos pedir transformaciones sin analizar quién las paga y con qué plazos se realizan. Los agricultores aportan observación directa; los científicos, herramientas para comprender procesos más amplios; los gestores públicos, una perspectiva de conjunto. Si las partes se escuchan, es más posible diseñar medidas técnicamente sólidas y socialmente asumibles. La disputa política permanente no debería impedir que acordemos, al menos, qué problemas existen y qué información necesitamos.

Los eslabones que casi nunca aparecen en el debate

Desde el producto que sale de una finca hasta el alimento que llega a una mesa intervienen transporte, almacenamiento, transformación, comercio y consumo. Cada eslabón soporta costes y condicionantes distintos. Una decisión sobre un punto puede alterar los demás. Como economista, me interesaría seguir esa cadena completa antes de prometer que una única medida abaratará precios o aumentará ingresos. Necesitamos comprender márgenes, riesgos y contratos con rigor, sin convertir a un colectivo en culpable automático de los problemas del siguiente.

Cómo participaría el conocimiento rural

Imagino encuentros territoriales con preguntas concretas: ¿qué trámites generan más incertidumbre?, ¿dónde se producen pérdidas evitables?, ¿qué infraestructura permitiría trabajar mejor?, ¿qué soluciones ya se han ensayado? Las respuestas deberían documentarse y contrastarse con profesionales independientes. Me parece esencial incluir también a quienes no pertenecen a las organizaciones más visibles, porque la representación puede dejar fuera a explotaciones pequeñas o alejadas. El conocimiento práctico es un patrimonio social, pero necesita procedimientos abiertos para convertirse en decisión pública.

Respetar a quienes sostienen una actividad esencial

No creo que escuchar al mundo rural obligue a adoptar una única política agraria. Habrá desacuerdos legítimos sobre regulación, ayudas, mercados y protección ambiental. Mi propuesta personal es mucho más sencilla: discutir esas diferencias con quienes conocen de primera mano sus consecuencias. Me acerqué a la vida pública convencido de que la experiencia profesional puede mejorar el debate. En el campo esa convicción me parece particularmente necesaria. Los alimentos no nacen en un ministerio: detrás de ellos hay personas cuya experiencia merece ser comprendida antes de legislar.

Marco Musumeci D'Agata
Economista político y filántropo
Presidente del Movimiento Liberal Español
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