El Ayuntamiento de Mijas anunció el 14 de octubre de 2026 que ya dispone del proyecto completo del futuro parque recreativo «El Burrito», previsto en el Vial Sur de Mijas Pueblo. Según la información municipal, el recinto podrá alojar hasta 48 burros y contará con refugios, espacios de descanso, atención veterinaria, senderos y un centro de interpretación dedicado a estos animales, estrechamente vinculados a la identidad del municipio.
Recibo la iniciativa con satisfacción. Todo avance que procure mejores condiciones de vida a nuestros animales merece ser valorado. Pero el anuncio me lleva a plantear una pregunta que considero esencial: ¿vamos a construir un parque para proteger a los burros y mantener al mismo tiempo los paseos turísticos sobre sus lomos por las calles? El proyecto presentado no anuncia que el burro-taxi vaya a desaparecer. Por eso creo que ha llegado el momento de hablar de qué turismo queremos construir.
Mi propuesta: caminar con los burros, no montarlos
Quiero proponer al Ayuntamiento que este parque sea el punto de partida de una transición progresiva para retirar a los burros del transporte de turistas por las calles de Mijas. No propongo que desaparezcan del pueblo, ni mucho menos. Quiero que continúen formando parte de nuestra historia, pero desde una relación más cuidadosa, basada en el conocimiento, el afecto y el bienestar animal.
Imagino unas instalaciones donde las familias puedan conocer a los burros, aprender cómo viven, observarlos en un entorno adecuado y recorrer senderos a pie junto a ellos cuando su estado y temperamento lo permitan. Un lugar para descubrir su historia sin que un animal tenga que transportar a una persona. Las visitas deberían estar supervisadas por profesionales y diseñadas con asesoramiento veterinario: el contacto no es un derecho del turista, sino una posibilidad que debe respetar siempre el descanso y las necesidades del animal.
La tradición no desaparece cuando evoluciona
Comprendo el valor de una tradición turística que forma parte de la memoria de Mijas desde hace décadas. También comprendo que nació en un contexto social y económico distinto. Sería injusto juzgar a las familias que han trabajado honradamente en esta actividad sin reconocer cómo era entonces la vida. Pero respetar nuestro pasado no obliga a repetir cada una de sus costumbres para siempre.
Preservar la tradición es preservar el vínculo entre Mijas y sus burros, su importancia en el trabajo rural, su presencia en nuestra cultura y el afecto que despiertan entre quienes nos visitan. Ese vínculo puede mantenerse, e incluso enriquecerse, mediante visitas educativas, rutas interpretativas y experiencias turísticas en las que nadie monte a los animales. No tenemos que elegir entre identidad y progreso: podemos encontrar una forma de proteger ambas.
No se puede proteger a los animales olvidando a las familias
También quiero hablar de las personas. Detrás del burro-taxi existen profesionales y familias para quienes esta actividad representa ingresos, obligaciones y años de trabajo. Por eso una transición seria no puede consistir en anunciar una prohibición sin alternativas. Debe empezar con diálogo, seguridad jurídica y un estudio económico transparente.
Mi propuesta incluye la participación prioritaria de los actuales profesionales en el futuro parque como guías, cuidadores y responsables de actividades educativas o visitas acompañadas. También se podrían estudiar entradas, recorridos con reserva y experiencias para colegios o visitantes, siempre con límites de aforo y tiempos de descanso. Parte de los ingresos tendría que destinarse al mantenimiento de las instalaciones, los cuidados veterinarios y una remuneración digna. Nada de esto debe darse por viable sin estudiar su coste y cómo se adaptarían las licencias actuales.
El parque debe ser algo más que nuevas cuadras
El proyecto oficial prevé lugares de alojamiento, recuperación, jubilación y esparcimiento, además de un centro de interpretación. Son elementos importantes, pero construirlos no equivale por sí solo a transformar el modelo turístico. Considero necesario que, antes de ejecutar las obras, el Ayuntamiento estudie si los senderos, la capacidad prevista y la organización de espacios pueden servir a un modelo de visitas sin montas.
Habría que conocer el número de animales afectados, sus necesidades veterinarias, la capacidad real del recinto y los requisitos del personal. Sería razonable establecer protocolos de bienestar verificables, límites de interacción, zonas de descanso no accesibles al público y una evaluación independiente. El parque debe funcionar, ante todo, para los animales; la actividad turística debe adaptarse a ellos, nunca al revés.
Una experiencia turística con sentido
Pienso en una familia que llega a Mijas y visita el nuevo centro. Allí conoce por qué los burros fueron esenciales para la vida rural, escucha las historias de quienes han cuidado de ellos y observa cómo se comportan cuando disponen de espacios adecuados. Después puede recorrer un sendero acompañada por un guía, caminando junto a un burro si las condiciones lo permiten, sin subirse a su lomo. Ese recuerdo puede ser tan intenso o más que un paseo convencional y, además, transmitir una enseñanza que los niños llevarán consigo.
No afirmo que el nuevo modelo vaya a generar automáticamente más visitantes o ingresos. Eso habrá que comprobarlo con un plan realista, pruebas y participación de los afectados. Pero sí considero que es una posibilidad suficientemente valiosa como para analizarla antes de consolidar otra vez un sistema que podríamos mejorar.
Mi petición al Ayuntamiento de Mijas
Solicito que se abra un proceso de diálogo entre el Ayuntamiento, los titulares y trabajadores del servicio, veterinarios, asociaciones de protección animal, vecinos y profesionales del turismo para estudiar un calendario gradual de retirada de los paseos montados por las calles. Ese proceso debería incluir soluciones de empleo, una revisión de licencias y ordenanzas y un proyecto turístico alternativo dentro de «El Burrito».
No busco una confrontación. Busco una propuesta que tenga en cuenta la dignidad de las personas y el bienestar de los animales. Creo que la calidad humana de un municipio también puede verse en cómo trata a los seres vivos que dependen de él. Si vamos a invertir en un nuevo espacio, aprovechemos la oportunidad para pensar en el futuro, no solo para trasladar una actividad de un lugar a otro.
Quiero seguir viendo burros en Mijas: descansando, caminando y formando parte de la vida del pueblo. Quiero que los visitantes los conozcan y que quienes han trabajado con ellos encuentren una alternativa económica justa. Pero deseo que llegue el día en que nadie necesite montarse sobre un burro para disfrutar de su compañía.
Porque conservar nuestra historia también significa saber mejorarla. Que los turistas paseen con nuestros burros, y no sobre ellos.
