El pasado viernes falleció en su domicilio del centro de Valencia el arquitecto y activista Carles Dolç a los 77 años, dejando una huella significativa en la ciudad y en el ámbito social y político local. Este lunes se llevó a cabo una ceremonia de despedida donde intervinieron activistas, vecinos y políticos de izquierdas, quienes destacaron el legado personal y colectivo que Dolç deja tras su paso por el mundo.
Maria José Algarra, una de las voces presentes en el acto, dijo: “No se va quien deja huella. Hay personas que no pasan por el mundo, se quedan”, frase que resumió el sentimiento de multitud de asistentes que reconocieron en Dolç una inspiración constante, tanto por su labor en la arquitectura como por su compromiso social y político.
Carles Dolç era reconocido en Valencia no solo por sus contribuciones profesionales en el campo de la arquitectura, sino por su activismo constante en favor de causas sociales vinculadas a la izquierda política. Su trabajo fue percibido como un puente entre la disciplina técnica y la responsabilidad comunitaria, influyendo en proyectos y en la vida política local.
La ceremonia de despedida reunió a representantes del tejido social y político de la ciudad, quienes coincidieron en valorar la coherencia y la entrega del arquitecto a sus ideales y a su compromiso con la defensa de espacios y derechos en Valencia. La conexión con su barrio y su dedicación a mejorar la calidad de vida a través de la arquitectura crítica marcaron su trayectoria y su influencia.
Además de su trabajo profesional, Dolç fue una figura activa que participó en diversas iniciativas sociales, y su activismo fue fuente de inspiración para activistas de diferentes generaciones, así como para figuras políticas de izquierda que valoraron su capacidad para articular propuestas que combinaban el urbanismo con reivindicaciones por los derechos ciudadanos.
El acto de despedida se convirtió en un espacio para recordar no solo su obra construida, sino también su manera de entender la arquitectura como una herramienta para la transformación social y la defensa de valores compartidos. Dolç fue reconocido como un ejemplo de cómo el compromiso personal puede trascender en la acción colectiva.
Su legado, por tanto, permanece vivo en Valencia, donde muchas personas consideran que la huella dejada por Carles Dolç servirá para seguir impulsando proyectos que legítimen al entorno urbano y fortalezcan las luchas sociales desde una perspectiva crítica y comprometida.
El fallecimiento de Carles Dolç ha sido sentido como una pérdida importante tanto en el ámbito profesional como en el social y político, demostrando cómo su figura se situaba en la intersección entre la arquitectura y la militancia, dos ámbitos que supo combinar con coherencia y pasión durante toda su vida.
