En 1976, Bernardo Bertolucci lanzó ‘Novecento’, una superproducción destinada a narrar el siglo XX desde la perspectiva de las luchas proletarias y el comunismo. Más que un panfleto ideológico, la película se desplegó como una odisea visual que combinaba la maquinaria capitalista hollywoodiense —con sus 50 millones de dólares invertidos y un elenco internacional— con una narrativa épica y densa, propia de un literato decimonónico.
Esta tensión entre forma y fondo, entre estrategia industrial y propósito militante, definió la recepción crítica de ‘Novecento’, que no logró convencer plenamente a sus aliados ideológicos ni a un público dividido. Sin embargo, el filme trasciende su época y plantea un interrogante sobre la vigencia y el destino de los relatos fílmicos grandes y políticos que exaltan las luchas de clases.
Cincuenta años después, ‘Novecento’ se erige no solo como un testimonio histórico sino como un espejo de las contradicciones inherentes a la producción cultural en un sistema capitalista que intenta representar —y a veces cooptar— una causa comunista con grandilocuencia y complejidad.
Fuente: El País.
